ACIDIA 2006

Transcripción caligráfica en muro de un fragmento del manuscrito original de la escritora y religiosa Josefa del Castillo y Guevara en su libro Mi vida. Esta obra se concibió para lugar específico en la Iglesia Santa Clara La Real en Tunja , durante el 39 Salon  de Regional de Artistas. En esta capilla, la madre Josefa del Castillo escribió unas de las páginas más importantes de la literatura mística en América Latina; allí está su celda de oración, su austera habitación y su escritorio. En su lugar de estudio y escritura, aparece la voz de la madre Josefa a través de una imagen que trae consigo los rasgos de su caligrafía. La obra está realizada con tinta invisible, luz UV y temporizador.

 

ACIDIA, Salón Regional de Artistas, Tunja, Convento Santa Clara la Real, 2006. Galería GAK Bremen, Alemania, 2012

ÉXTASIS, O LA NOCHE OSCURA DEL SENTIDO
Dos variaciones sobre Acidia de Clemencia Echeverri

Ex (en el principio era el Verbo) 

Acidia:   el gesto de la mano es el de un don infinito, una espera que se ubica por fuera del tiempo de su cumplimiento: la punta del pincel sigue con cuidado la silueta de un cuerpo caligráfico que se reescribe –o, para ser precisos, se traza una vez más sobre la pared- con una tinta cuyo rastro es invisible. El trazo no podrá verse en la claridad del día: su legibilidad está cifrada en una luz oscura que, en su renuncia a la iluminación y a la promesa de una visión plena, hace visible sólo un brillo intermitente, el destello de algo que permanece en secreto, resguardado de toda revelación en su opacidad. El pincel de Echeverri avanza en una suerte de danza ciega que obedece al mandato de unos trazos anteriores por los que su mano se mueve sin reconocer la sombra que sus pasos, los pasos invisibles de su escritura caligráfica, dejan sobre la piedra. 

La acción de esta reescritura pictórica no es la de la fijación de un sentido en la huella de lo escrito: aquí la tinta no deja un rastro que pueda leerse posteriormente; aquí el sentido no se encarna ni busca hacerlo en una escritura que aspire a la literalidad, una que busque ser lo que nombra. El gesto se ubica, por el contrario, en el umbral de una paradoja: la escritura invisible de la artista invoca –como lo hace toda palabra antes de ser pronunciada- un sentido que sólo se presenta en ella a través de su inminente desaparición, de su salida de sí en y como la mancha sin rostro (o cuyo rostro es lo sin rostro) de lo escrito. Nuestros ojos, como los de la artista, se sumergen así en un espacio de suspensión, un intervalo de sentido signado por la exigencia de una renuncia a la lectura –con la apertura, diría G. Agamben,  de “la escandalosa contemplación de una meta que se muestra en el acto mismo en que resulta vedada”.  

Fragmento de texto de Juan Diego Perez, Filósofo.  


FICHA TÉCNICA
Acción de escritura
Luz UV
Tinta invisible
Temporizador


 

 

IMAGENES DE LA OBRA 


IMAGENES MANUSCRITO